Autoestima

La autoestima es una faceta de la personalidad: es la actitud (valoración) que tiene una persona hacia sí misma, que puede ser aprecio y respeto o de menosprecio y rechazo, favorable o desfavorable. Es el autoconcepto (concepto de sí mismo) de la persona.

Cortesía de freedigitalphotos.net
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La asociación entre autoestima y trastornos afectivos ha sido demostrada en la literatura científica. La baja autoestima es un síntoma de depresión y un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de la depresión mayor (estado de ánimo depresivo la mayor parte del día). La alta autoestima, por el contrario, ha sido considerada un factor de protección frente a trastrornos psicopatológicos, que hace más resistente la personalidad: los estudios demuestran que cuanta mayor sea la autoestima, mayor salud. 

Autoestima y personalidad

Respecto a la relación de la autoestima con los trastornos de personalidad, los estudios han demostrado que los pacientes con este tipo de trastorno muestran niveles más bajos de autoestima, incluso por debajo de los pacientes con depresión (Silverstone, 1991).

La baja autoestima no es solamente un síntoma de depresión, sino que dificulta la adaptación de la persona a su entorno, y constituye un factor de riesgo para otros trastornos.

Según un estudio realizado por Juan Manuel Ramos Martín, del Hospital Dr. R. Lafora de Madrid (2012), se confirma que existe una relación inversa entre autoestima y psicopatología. No obstante, deja abierta la duda respecto a si la baja autoestima es una causa o consecuencia del padecer. El estudio sugiere que la baja autoestima no es un síntoma de los trastornos de personalidad, sino la constatación de procesos que constituyen el trstorno. Una baja autoestima puede estar relacionada con el victimismo, y la alta autoestima con elevada deseabilidad social.

Autoestima y salud

Otra de las consecuencias negativas de la baja autoestima es el deterioro de la salud, no solo la salud mental, sino la salud física. La baja autoestima se asocia frecuentemente con una mayor vulnerabilidad a ciertos trastornos psicológicos y enfermedades físicas, entre otros: depresión, ansiedad, consumo de sustancias (alcohol, drogas), menor actividad física, agresividad (y sus consecuencias), anorexia, bulimia, insomnio, consecuencias de la dejadez corporal (obesidad, problemas cardiovasculares, hipertensión, falta de revisiones médicas).

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